lunes, 29 de junio de 2015

Casas

Cuando era chico nadie vivía en departamentos. Había; patios, enredaderas y humo de parrillas. Después platos de madera, partidos de truco, moscas y helado barato del que viene en el tacho de cinco litros. De alguna forma los edificios se fueron apoderando de la ciudad. Y esas costumbres tienden a extinguirse o a transformarse. Probablemente en algún futuro no tan lejano desaparezcan las casas y no podremos distinguir desde afuera con la luz de la cocina si llego mamá y los perros tendrán que acomodarse al sonido de ascensores. No habrá más espacio para partidos de futbol sin arco, ni rayuelas; ni batallas campales entre autitos y muñecos. Solo habrá torres altas y pantallas; monitores, televisores, celulares y artefactos que todavía no conozco. Más adelante desaparecerán también. Serán remplazadas por otras cosas.  Y la computadora que alguna vez fue depredadora de las viejas máquinas de escribir será el nuevo elemento romántico que sirva para decorar las casas de intelectuales de Palermo.

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