domingo, 24 de mayo de 2015

Presiones

Superar el piso, sacarse por los menos un siete. Para ser algo, un aprobado, o para no ser un desaprobado. Pero tampoco alcanza, ser un siete es ser promedio. La presión impuesta es ser el mejor; siempre.
Las exigencias llegan desde chico y los carteles también. Los números estigmatizan, frustran y por sobre todas las cosas, son poco efectivos.  En lugar de enfocarse en metas personales buscan generalizar para aumentar la competencia.
Pareciera que el mundo corre a un ritmo que es imposible alcanzar y siempre la gente detrás, apurados  aunque no haya a donde ir. El placer no existe para quien no conoce el sabor de la derrota.
La forma es el camino, ante todo la forma, el resultado es efímero, los pasos eternos. Siempre estamos caminando, respirando y lo vamos a hacer hasta el último día de nuestras vidas. Después de eso, no quedará nada, ni gloria ni éxito ni dinero, ni mejores ni peores. Solo unos gramos bajo la tierra.

lunes, 18 de mayo de 2015

Inspiración

Es verdad que el silencio, el perfume de rosas y la noche estrellada ayudan. Pero a veces en lugares sin nombre y  tiempos inoportunos aparece como si nada ese mundo oculto.
Depende de cada uno zambullirse al mar de nieve rosa o seguir caminando por el asfalto con el calor de enero.

sábado, 16 de mayo de 2015

El inevitable cambio

En un minuto cambia todo. Se pierde, se gana, se miente o se olvida. Lo que parecía armado se desarma. Incluso todo eso que tan planeado teníamos se puede desvanecer rápidamente.
El amor de un hombre o una mujer también desaparece en un momento exacto y se transforma, pero no vuelve nunca más. La vida y la muerte están separadas por una fracción de segundo, casi indivisible como el todo y la nada.

No podemos escapar al cambio y nada es previsible. Lidiamos constantemente con un mundo de sorpresas. Sin embargo seguimos proyectando, amando, cambiando el tiempo por dinero, teniendo hijos, comprando casa y todas esas cosas.  Porque así estamos acostumbrados a vivir.

Costumbre y sábanas limpias

La tarde estaba aburrida, porque siempre son así, un intolerable gris, una incansable indefinición, ni mañana ni noche. Buscábamos que hacer como si hubiera algo que repentinamente pudiera dar sentido a eso que la gente llama estar por estar. 
A ella le encantaba la indiferencia, la llamaba paz. Yo quería viajar por el mundo con la excusa de que mañana puede pisarme un colectivo y morir con menos kilómetros recorridos que la chatarra esa que me aplastaría. 
Casi siempre cogíamos a la misma hora. Después se dormía temprano y yo miraba películas hasta que los ojos se me cerraban solos, a veces eran tres o cuatro consecutivas.  Nuestras diferencias eran funcionales a los gustos del otro. Casi nunca nos molestaba la caprichosa esencia de ser distintos. 
Pero yo quería recorrer y ella quería regar plantas y cambiar azulejos en el baño. Nunca entendí a la gente que se fanatiza con decorar algún ambiente en particular de la casa, no me cierra la ecuación de invertir más tiempo del que lo vas a usar en hacer algo. 
Para acortar esa distancia inventé un juego de mesa en el que uno tiraba los dados y avanzaba por distintos lugares del mundo, donde mostraba atractivos turísticos, paisajes y particularidades del sitio en el que uno caía.  Quería usar su costumbrismo para acercarla a mi pasión. 
Conseguí despertar su interés en algunos países raros y hasta entró en internet y se aprendió las capitales de toda áfrica. Pero para ella el monitor, el mate y las facturas seguían siendo más interesantes que la tierra, los animales salvajes, los glaciares y los colchones finitos de los hoteles de paso. 
Insistí de otras maneras igual de creativas porque soy un artista. Ella es contadora y sus padres también.  Los míos murieron cuando era muy chico, mi crianza fue a veces en casa de mis abuelos, otras en lo de mis tíos, pero casi siempre en la calle. Tal vez de ahí nuestra diferencia en apegarse o no a un techo y unas paredes. 
No había forma de convencerla, ni  playa ni montaña, ni pueblo ni ciudad.  María quería su programa de cocina a la hora de siempre, las sábanas limpias y salir a hacer las compras para charlar del clima con el almacenero. 
Me sorprendió su pasividad. Mientras yo armaba el bolso ella lavaba los platos y escuchaba un programa de radio que decía alegremente que todo está mal.  Lo único que escapó al libreto fue el horario del sexo, nunca lo habíamos hecho antes de que caiga el sol. Pero la despedida lo justificaba. 
En parís no hacía lo de siempre y era fácil tomarse un tren para llegar a otro lado. También me costaba menos extrañarla y entender la falta de nuestros extremos. Nada me gustaba tanto como nuestra casa  cuando estaba lejos. 
Después de unos meses de perderme y encontrarme, de no ver caras conocidas ni buscar explicaciones a la belleza o al odio, de recibir y tirar mapas, aprender y olvidar puntos de referencia. Volví a buscarla, nadie había tocado mis discos, las fotos seguían donde siempre, la mesa estaba servida para dos, todo estaba limpio y en su lugar, incluso nuestro amor.  

miércoles, 13 de mayo de 2015

Antecedente

Hoy me acordé de un antecedente de este espacio. Cuando era chico con un compañero de la primaria escribíamos historias cada uno sobre un personaje, el competía por ver quien escribía más páginas y más capítulos, como si la cantidad implicara calidad. A mí no me importaba.El personaje de Jonatan se llamaba Flora y era un chica universitaria muy culta y bien vista por sus profesores, se casaba y tenía hijos. El mio, mucho menos pretencioso, se llamaba Martín, era solitario, todo le salía mal, tomaba mucho alcohol y construía sus pasos en lo que la gente suele llamar fracasos.
En ese momento no había leído a Bukowsky, no había escuchado hablar de Fernando Peña y no existían los blog. Pero sin saberlo,  empezaba a nacer lo que hace menos de un año decidí llamar “ Las ideas que incomodan”.

lunes, 11 de mayo de 2015

Mi superyó

Cada vez estoy más lejos de la perfección. Eso me provoca, me encanta. Hoy me siento más desenamorado de mis textos que ayer, escucho a mi voz más desafinada  y mi lengua menos filosa. Necesito cada día el desafío de sentirme más lejos de la boca de la mujer que amo, de no encontrarme en mí.
Abrazo mi ignorancia, esos errores se transforman en motivos para escribir, para vomitar un poco. Para conocer o inventar, caminar, ser más sincero mintiendo un poco. Uso el arte para no morir.
No encuentro el equilibrio en casi nada y me cuesta terminar las cosas. Tuve dos novias, dominé casi todo el tiempo ambas relaciones, cuando me relajé me dejaron.  Me aburro en las fiestas porque todavía no aprendí a jugar ese partido.
Soy ansioso, almuerzo en quince minutos, me apuro en muchas cosas pero en el sexo no. No soy religioso y nunca le escribí al papa, aunque una vez le hice una carta a mi papá. Hace un tiempo que me cuesta menos decir te quiero, pero cuando era chico aceptaba mejor mi condición de hombre sensible.
Soy desordenado, abro un paquete de galletitas antes de terminar el anterior y no puedo evitar revolear los pantalones ni bien entró a mi casa, después no los levanto. No cuelgo la ropa y tampoco plancho, probablemente no cambié nunca nada de esto.
Soy clase media y no estoy orgulloso. A veces me gustaría tener mucha guita y otras no tener absolutamente nada. Siento incomodidad estando con ricos y pobres, igual se que me puedo acomodar. Eso me da bronca.
Estudié música, a pesar de eso no soy un buen ejecutor, me distraigo mucho. Compongo buenas bases de bajo y no se como lo hago. Aparecen en mi cabeza y ahí van, quizás porque me la paso escuchando distintos estilos.
Suelo subestimar mis cualidades, por eso a veces me muestro soberbio. Tengo qué decir y me gusta ser escuchado, pero hablo demasiado. Me gustan mucho las mujeres y siempre trato de seducir, en el café, en un banco, en el colectivo o en la calle. Me encantaría que todas estén calientes conmigo.

Estoy usando este texto para desnudarme y absolverme. ¿Te molesta? No me importa, tengo más. Pero voy a seguir otro día, ahora tengo ganas de acostarme en la cama y ver programas de televisión absurdos para sentirme más inteligente que el resto. Chau.

Melancolia


 No quiero esperarla, aunque el tiempo que pase valga nada sin ella.   Voy a llenar mis pies de barro y revolver el dolor pensándola imposible, sin pausa ni relojes.  Clavando alfileres, esquivando tierra firme y tonos mayores.
Fotos colgadas en mi pared, quiero ser un demente, diarios viejos y desorden.  Solo mugre para lavar la culpa.  Cruel manera de acercarme al ayer, no pensar en mañana. Clavar un ancla en tu pasado.
Hasta que no quede ni una pincelada de color y todo sea  transparente, como niño llorando, como perros salvajes, como agua cayendo cristalina, como los desechos del fin de un ciclo. Para volver ver imagen casi real.


domingo, 10 de mayo de 2015

Literatura y música son la misma cosa

Literatura y música son casi lo mismo. Por sus componentes, por su forma de resonar en el cuerpo y por su rebeldía.   No puedo dejar de escuchar la poesía aún en discos instrumentales,  ver el anochecer de una calle desierta, sombreros y sacos antiguos, faroles tratando de iluminar y pasos acelerados, en el famoso álbum Kind Of Blue de Miles Davis.
Los sonidos dicen y las letras también cantan. Es inevitable, están creadas para eso. Los cuentos tienen armonías, tienen disonancias y sobre todo rítmica. Nunca un buen texto puede carecer de música. Como una buena música no puede obviar la lírica, aunque no esté explícita.
Como Córtazar en Rayuela, el Jazz desgeneró la línea narrativa. Saltea espacios sin decir lo no dicho. Va de un lado a otro como zamarreando al receptor. Pero siempre con una estética, que vuelve a armar el hilo intencional o casualmente desarmado.
Los capítulos en los libros, los tracks en un disco, tienen un orden. Aunque en los tiempos de la descarga  vía internet y la lectura rápida se pierda de visto, esto es esencial para generar un clima. Por algo besamos antes de tener sexo y no al revés.

No tengo dudas de que Piazolla pudo haber sido un gran escritor de novelas cargadas de melancolía o Roberto Arlt el precursor del rock  progresivo en Argentina.  Porque el contenido siempre es auto referencial. Lo fantástico y lo real son parte de nuestras experiencias de vida, de nuestro pasado, de nuestra visión del mundo. Tal vez eso es el arte, una visión del mundo. O un poquito más.  

domingo, 3 de mayo de 2015

Soledad



Casi nunca puedo dormir de corrido. Algunas pesadillas recurrentes y pensamientos inquietos invaden mi cabeza.  Rompen la tranquilidad de la madrugada. Cortan el silencio de la noche y congelan el clima hasta en verano.
Perdí la cuenta, hace meses o hace años, que tengo una alarma interna que suena cuatro veces al día y a la misma hora durante mis fallidos intentos por descansar. El insomnio me tiene adormecido toda la jornada, como si me hubiesen aplicado anestesia.
Me hace transitar finamente el hilo de la cordura,  replantearme la diferencia entre realidad y ficción, la autenticidad de los colores y la credibilidad de mis hermanos.  Me vuelve ajeno a mi cuerpo, me hace salir de mi sistema y ver todo de afuera.
Soy un ente externo, ya no me creo mi dueño. Ni de nada ni de nadie.  Exploro desde arriba o desde abajo pero siempre con panorama. Toda esta locura. Todo este imposible territorio de agua, tierra, brillantes, olores y sexo.
No encuentro compañía acá, es un extraño aislamiento. No hay hombres ni mujeres a mi alrededor y no me preocupa. Escucho disparos y veo imágenes difusas con finales inconclusos.  No hay películas, no hay música, desparecen los libros. Ausencia del arte, ausencia de auscencia. Quisiera estar por los menos conmigo.

viernes, 1 de mayo de 2015

Cinco minutos para cambiar el mundo

Un grupo de jóvenes tenía cinco minutos para cambiar el mundo. Enrealidad cuatro, porque debían tomarse por los menos uno para pensar el plan de acción. Tenían fuerza, poder, armas y millones de herramientas a su alcance para hacer con ellas lo que quieran.
Discutieron varios temas, dinero, contaminación, guerra, paz, pena de muerte, amor, monogamia, infidelidad, corrupción y otros tantos flagelos de la sociedad actual. Llegaron prematuramente a la conclusión de que el problema estaba en el humano y  decidieron liquidar a toda la especie.

Cuando solo quedaban ellos rodeados de paisajes naturales, alimentos, lujos y abundancia. Se miraron y se preguntaron quien dirigiría el rumbo de este nuevo orden.  No hubo democracia ni socialismo ni siquiera anarquía,  no hubo nada. Solo un charco de sangre gigante. Tenían razón el problema estaba en el humano.