Casi nunca puedo dormir de corrido. Algunas pesadillas
recurrentes y pensamientos inquietos invaden mi cabeza. Rompen la tranquilidad de la madrugada. Cortan
el silencio de la noche y congelan el clima hasta en verano.
Perdí la cuenta, hace meses o hace años, que tengo una
alarma interna que suena cuatro veces al día y a la misma hora durante mis
fallidos intentos por descansar. El insomnio me tiene adormecido toda la
jornada, como si me hubiesen aplicado anestesia.
Me hace transitar finamente el hilo de la cordura, replantearme la diferencia entre realidad y
ficción, la autenticidad de los colores y la credibilidad de mis hermanos. Me vuelve ajeno a mi cuerpo, me hace salir de
mi sistema y ver todo de afuera.
Soy un ente externo, ya no me creo mi dueño. Ni de nada ni
de nadie. Exploro desde arriba o desde
abajo pero siempre con panorama. Toda esta locura. Todo este imposible
territorio de agua, tierra, brillantes, olores y sexo.
No encuentro compañía acá, es un extraño aislamiento. No hay
hombres ni mujeres a mi alrededor y no me preocupa. Escucho disparos y veo imágenes
difusas con finales inconclusos. No hay
películas, no hay música, desparecen los libros. Ausencia del arte, ausencia de
auscencia. Quisiera estar por los menos conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario