martes, 30 de diciembre de 2014

Carta de un sobreviviente que no estuvo esa noche


30/12/2014  A diez años de la masacre, mi más sentida opinión sobre lo que ocurrió y lo que nos sigue ocurriendo.


Los días previos a las fiestas generalmente están llenas de vacío. ¿A quién se le ocurre hacer un balance del año mientras nos abarrotamos en los shopings y supermercados en una ola consumista?.  Un recital es una buena escapada a todo ese circo. Seguramente un poco de eso buscaban los pibes que fueron a Cromañon, y también los pibes que estaban TOCANDO en Cromañón.
Casi todos los que eligen la música como camino para su vida, lo hacen como un impulso de rebelión.  Una forma de expresarse. Una herramienta para vivir diferente a lo establecido.  Es una aceptación de la mirada propia del mundo. Es hacerse cargo de que no querés vivir como tus viejos que laburaron toda su vida de algo que no les gusta para llegar a los 60 años y arrepentirse de todo lo que no hicieron
A eso fue esa noche como cada noche Callejeros, te guste o no su música, a romper desde la experiencia propia con la monotonía que plantea el sistema. Y a eso fue el público , a escaparse un rato del mundo obtuso.  A “jugar en otro juego”. Eso es la música, eso es un recital de rock.
Muy distinto fue lo que termino sucediendo aquel trágico 30 de diciembre de 2014, lo que ocurrió ahí fue una burda expresión todo lo otro, todo lo que conforma el sistema en el que vivimos. Ese del que los pibes querían escapar, ese de la corrupción, de la falta de ética, del egoísmo,   ese que es capaz de poner en riesgo la vida de miles de personas por un billetito más, esa sociedad de premio y de castigo, donde lo único que manda es el efectivo.
Yo no se de leyes, de normas y estatutos,  no entiendo  de habilitaciones ni clausuras. No soy quien para hablar de culpables ni de inocentes frente al poder judicial. Pero entiendo de pasión, y entiendo de motores. Y de todos los motores, sé muy bien cuál era el motor de Callejeros para estar ahí arriba de un escenario, se cual es el motor de los pibes que van a un recital y también se y todos sabemos cual es el motor de muchos de los empresarios, varios de los políticos, de la policía de los encargados de controlar, del poder judicial y de las tintas sedientas de los multimedios.
Desinformación, ignorancia y algunas malas intenciones, fueron un cóctel letal. Nadie hizo cuenta de la magnitud que podía tener esta tragedia.  Pero si sabían que hacían con la cultura, al no brindar oportunidades a los artistas, al someterlos a condiciones pésimas en las que aún los músicos seguimos trabajando. Y  también al público con la falta de regulación en los espectáculos públicos,  las coimas y la ausencia de controles.
En ese lugar pusieron y ponen la cultura y no es casualidad. Porque no es funcional al sistema, porque la cultura si realmente es cultura es contracultura, porque dice lo que todos vemos y callamos, porque la cultura pincha e incómoda. Porque es nuestro desahogo y porque con ella somos más felices.

Ahora todos, los que fueron y los que no fuimos debemos considerarnos sobrevivientes , porque cualquiera pudo haber estado ahí en ese o en otro show. Porque a todos nos cambió la vida,  no miremos de lejos con hipocresía, todos  pagaremos de una forma u otra las consecuencias y somos los únicos capaces de torcer la historia.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Me amo y me odio



Despertarse es por excelencia el milagro más importante que puede existir en la humanidad. Se renuevan las esperanzas, los miedos, los dolores de espalda y las incertidumbres.  Hoy por ejemplo  amanecí odiándome, pero el odio está tan cerca del amor que no quiero sonar narcista.
Me amo y me odio por haberme enamorado, por no aprender a convivir con el pochoclo hollywoodense, por no bancarme la televisión pero ponerla igual  por ser tan sincero y mentiroso, por ser ansioso,  por buscar aceptación, por ser egocéntrico por nunca haber aprendido a bailar y por ser un artista. Pero principalmente por haberme aburrido de garchar sin amor.
Me gustaría no racionalizarlo, verlo como un simple acto físico, una necesidad a satisfacer, como ir al baño o comer. Pero nuestros gustos se van sofisticando a medida que crecemos. Como personas y como sociedades , por eso existe la gastronomía y por eso a medida que fui creciendo ya no me gusta tener cualquier sexo. Quiero tener buen sexo y para eso, en algún momento hay que hablar.
Y es dificilísimo encontrar una gente con la que puedas hablar y también  coger. Si no fuera por este último ítem todo la vida sería tan sencilla como la primer pantalla del Pac-Man. Porque la búsqueda se hace eterna. Porque la búsqueda es eterna y si no es eterna te vuelve a llenar de más vacío. Oscar Wilde decía que en la vida hay dos tragedias, alcanzar un objetivo y no alcanzarlo. Estoy bastante cerca de esta visión pesimista/realista. Sobre todo cuando vuelvo a mi niñez y recuerdo que me gustaba estropear los autitos para después tener que arreglarlos, voltear el  castillo de dominó  para volver a armarlo o vaciar la caja de juguetes aunque no vaya a jugar.
Volviendo al amor,  cuando hablo de amor hablo de afinidad, de ausencia  de distancia entre dos personas, del que te llena y no del que te vacía, de realidad y no de ficción, de potenciarnos, de complicidad, de complacernos, de conexión  y no de distracción. No hablo de anestesia, no hablo de monogamia ni de dependencia, tampoco de reproducción, no hablo de pretensiones ni papeles, no hablo de lógica, hablo de vibrar, de fusionar partes distintas y no pretender que parezcan iguales, hablo de expansión, de ligación y no hablo de pertenencia, hablo de imposibles posibles.
Taché renglones escribiendo tipo autoayuda sobre el amor a uno mismo, porque aunque esa teoría puede ser real, también es algo cínico, ¿Todo el tiempo pensando en uno? ¿Todo girando alrededor de nuestros ojos como para encima amarnos a nosotros mismos?.  Creo que a veces hay que hacer algo por el otro para no sentirnos tan hijos de puta. Y en ese lugar ponemos al amor, entregar al otro. Sin embargo calculo que es imposible amar sin amarse a uno mismo.
Detesto hablar sin argumentos, pero también me encanta hablar. Y me encanta escribir, pero siendo totalmente sincero no creo tener ni la más mínima idea de lo que es el amor, aunque tampoco creo que la tenga ni Voltaire ni Heidegger ni Ricardo Arjona. Lo único que no dudo desde mi visión de artista es que amar sin arte es NO amarte. Por eso nunca hay que pretender que el otro deje de ser.
Escribir sobre amor es una descarga, de todo lo que amamos, de lo que no podemos amar y de lo que odiamos. De la que me rechazó cuando era chico, de mis ex novias que me dejaron, de la que rechacé en cuarto grado, de la que amé de asiento a asiento en el colectivo y se que ella también me amo, de la del café de lo que somos , lo que fuimos, lo que sabemos y  también de lo que nunca vamos a saber. En algún punto es enfrentarse al vacío existencial ese que no podemos cubrir, pero amagamos a llenar esbozando una supuesta inteligencia o mentalidad analítica. Buscando desafíos, títulos, especializaciones, ascensos en el trabajo, creando, escupiendo, exhalando y llorando.
Por eso me gusta buscar y no encontrar, plantear y no resolver, escarbar , pensar, replantear, proponer, decirme y desdecirme, desconocerme más de lo que me conozco. Preguntarme mas de lo que me contesto. No encontrar el equilibrio.
No confundirme en el montón, que me miren raro, que se opongan a lo que estoy diciendo, más me gusta poder contestarles, defender lo que para ellos es indenfendible.   Aprecio más el contraste que la armonía. Sentirme amado,  sentirme odiado por los que quiero que me odien, o por los menos odiado antes que ignorado. Amar, odiar, amar, amar, odiar, amar, pero no ignorar. ¿Para qué? Para que la rueda siga girando.

domingo, 21 de diciembre de 2014

El hit navideño.

No hay nada más falso que la familia unida. Gaby , Fofo y Miliki tendrían que cambiar la letra en este preciso instante. Ya no existen las navidades desbordante de alegría,  la tía Laura mira de reojo a la prima Marcela y Carlos nunca se olvida de la parte de la herencia que le cagó Ramiro. A Laureano todos lo ven como un vago que no quiere laburar, pero el afirma que es un artista y que el resto tiene la cabeza muy cerrada como para verlo, que son unos boludos.
La abuela se sienta en la cabecera de la mesa, pero ya no es la misma. Desde que el abuelo se fue de este mundo está loca y en el fondo a todos le rompe las pelotas su presencia, pero nadie se anima a levantar la mano y decir “a esta vieja hay que meterla ya en un geriátrico porque no le queda un solo patito en fila”. En lugar de eso todos miran para otro lado y eligen pensar en otra cosa mientras la nona cuenta historias que son tan aburridas como fantasiosas.
Los adolescentes se aburren porque ya no pueden hacer las travesuras de cuando eran niños y apenas esbozan una sonrisa añorando esas épocas donde le hacían cuernitos en las fotos a Eduardo, que ahora todos saben que realmente es cornudo. El resto del tiempo se la pasan pensando que podrían estar tomando unos cuantos fernet con sus amigos o abrazados a sus novias tomando un buen vino.
La pirotecnia a casi nadie le parece una diversión y para todos  se transformó en  algo casi  salvaje y sin sentido, salvo para Juan Carlos que tiene 52 años y parece nunca madurar. Año tras año se gasta el aguinaldo en cañitas voladoras, morteros y demás pelotudeces. Su mujer Nora se lo echa en cara desde que tengo memoria, desde 1998 por decir algo. A mí en particular me parece igual de boluda que él, cada vez que la escucho con el mismo reclamo pienso, no rompas más las pelotas o separate, ¿no?.
El tío Emiliano siempre grita  y no deja que nadie opine sobre nada, el se cree experto en política, economía, ciencias, literatura, arte, educación y por supuesto que es el que más sabe de futbol. Además es un paladín de la moral, le dice a todo el mundo como hay que vivir , que corresponde y que no, habla sobre la honestidad y la trasnparencia pero nadie sabe de donde sacó toda la guita que tiene. Pero el tío es así y  “hay que bancarlo porque es un tano calentón nada más”
Los cuentitos se repiten  y siempre sale a flote el “todo tiempo pasado fue mejor”, mentira que se cae por la borda solamente con la repetición año a año de esta frase tan triste como  contradictoria y vacía de contenido. Tíos ricos fundamentan la teoría con la situación económica y los que no son tan ricos y tienen un laburito en una empresa comparan las canastas navideñas que recibían antes, la calidad del pan dulce y la cantidad de turrones. Todo les parece una cagada, pero no hacen nada para cambiarlo.
Los más viejos se van poniendo en pedo pero su borrachera no está copada,  no tiene nada de divertido. Solo levanta los tonos de discusiones absurdas y saca a flote lo peor de cada uno.  Los más jóvenes estamos sobrios mirando el reloj, esperando que sean las 12 para brindar y tomarnos el palo. 
Llegó la hora de los regalos y los veinteañeros quedamos pagando porque ya no nos toca casi nada en el arbolito, salvo la fija, tía Mariela que nos sigue poniendo el mismo par de medías de la misma mercería berreta del barrio de Floresta con el mismo color gris y el mismo motivo cuadriculado, que en la época de Perón ya estaban pasadas de moda.

  Después solo queda volver en el auto manejando por la General Paz vacía, llevar a algún borracho que va cerrando los ojos en el asiento de atrás.  Pensar en la columna que vas a escribir, como enfocarla, vas sacando cuentas de las críticas que hiciste y te das cuenta que vos también te estás poniendo viejo, boludo y cascarrabias.  Pero allá vas , a tu refugio, a tus amigos, a esa familia que si podés elegir y no viene impuesta genealógicamente.

lunes, 15 de diciembre de 2014

De abrazos y sellitos de oficina




Todos tenemos un universo seguro. Una ducha que sabemos que nos va a tirar agua caliente cuando tengamos frío, una cerveza que puede hacernos olvidar los quilombos, un trabajo mediopelo que podemos realizar sin complicaciones, un modelo a seguir, un hogar, una familia,  un amigo que abrazar, un confidente con quien compartir los problemas, una habitación perfumada con sahumerios, una computadora, un PlayStation. En fin, los mundos seguros son muy personales y cada uno va formando el suyo.
No creo que la construcción de estos sitios sea negativo, lo veo más bien como algo necesario. Como las ganas de abrazar a tu madre cuando acabas de terminar una larga relación amorosa.  Lo que me preocupa es acostumbrarme a ellos. A los agradables y a los que son horribles. Al abrazo de mi vieja y al sellito de la oficina.
La costumbre a la comodidad  está eliminando todo el arte del mundo,  y cuando hablo de arte no hablo sólo de la música del mainstream, de los referentes de la literatura o de los pintores reconocidos. Me refiero a cada uno de nosotros, que elegimos lugares comunes para hablar, frases hechas que siempre caen simpáticas, que vamos a vacacionar siempre al mismo lugar porque en el hotel hacen un desayuno riquísimo y nos atienden muy bien.  Que le ponemos siempre los mismos ingredientes en la misma proporción a cada plato de comida.
Que cogemos siempre con la misma persona en la misma posición o siempre con una distinta y no nos animamos a amar. Que elegimos una carrera para toda la vida, que aceptemos una creencia eterna, que usamos siempre el mismo look, el mismo perfume, que seguimos los mismos referentes, que no aceptamos la contradicción.
Estamos usando el gris en la paleta de colores, estamos vaciando para llenar de monotonía, estamos tocando siempre el mismo acorde bajo el mismo pulso con los mismos instrumentos. Parecemos una orquesta sin ideas, ordenadita pero aburrida. Caemos en la trampa de la prolijidad absurda. Esa que nos impusieron con represión de niños.
Manchémonos de barro,  comamos chocolates antes de la cena, no levantemos la tabla para mear, digamos malas palabras, sentémonos de cualquier forma en la silla, desafinemos, vayamos a destiempo, rompamos el diccionario,  hagamos mierda la sintaxis, que es preferible una idea nueva desprolija a mil copias genéricas de un rock pasado de moda.