De roles e imposiciones.
Donde los hombres lloran y las mujeres también cogen.
Cuando eramos chicos nos
enseñaron que si nos pegaban teníamos que devolverla el doble de fuerte, que los
hombres no lloran y que debemos cuidar a nuestra familia siempre ante cualquier
consecuencia. Que si se hunde el titanic primero tienen que salir “mujeres y niños”. Ese es nuestro Karma.
A las mujeres que tienen
que tener hijos, satisfacer al marido, reprimir todo deseo sexual por cualquier
otro hombre del planeta, que tienen que estar siempre alineadas y que tienen
que portarse “como una señorita”. Esa es su cruz.
Así nos fueron
configurando los roles, así nos fuimos metiendo en relaciones rígidas y enfermizas
entre hombres y mujeres. Sin embargo hemos tenido algunos avances, las
distintas corrientes de defensa de los derechos de las mujeres, o de igualdad
de género, han logrado el reconocimiento de muchísimos derechos sociales en los
últimos años.
Pero ¿Qué hacemos con
los roles?. El otro día charlaba con una
chica y me contaba que estaba muy enojada porque salía con sus amigas por
segundo fin de semana consecutivo y el novio no le había hecho ninguna escena
de celos. Que se vestía con polleras cortas y no recibía ningún reclamo.
Entonces me pregunté cuál era el principio de tan ilógico planteo. Instantáneamente
pensé en los roles, el rol de macho, que no solo nos han impuesto a nosotros, género
masculino, si no que ahora también la mujer exige. Porque a ella también le
impusieron que su novio debía ser así.
A través de la
anteriormente mencionada lucha, que yo apoyo, se ha visualizado el descontento
de muchas mujeres con la cruz que cargan, con la desigualdad que sufren a nivel
laboral, económico, social. Con la innegable violencia de género, con que las
mujeres sean asesinadas solamente por ser mujeres.
Pero algo de lo que poco
se habla es que a mí también me incomoda tener que mostrarme como algo que no
soy, tener que pelearme en la calle con un tipo que me tira el auto encima. Cuando
se fehacientemente que lo mejor es evitar el conflicto. Tener que simular un enojo porque ella va a
bailar con un profe de salsa cubano, me jode tener que ceder un asiento en el
colectivo o un lugar en la fila a una mujer de mi misma edad y sin ninguna
discapacidad física. Me jode por mi y me jode por ella.
Me jode no poder
mostrarme sensible, que nos pongan la carcasa. La absurda simulación de
inmunidad, de superación automática. La ficción de que tenemos todo controlado
cuando se está yendo todo al carajo.
Me molesta mucho tener que hacer millones de incoherencias
solo para satisfacer esa de necesidad de encajar en el modelo de macho que
pretenden que sea. No quiero ser más un personaje de ficción de una película
antigua. Estamos en el año 2015 y toda esa mentira ya me aburre.
La realidad es que
hombres y mujeres somos iguales, pero también somos totalmente distintos. Porque también los hombres somos todos distintos
y las mujeres son todas distintas. Y aunque cueste admitirlo una mujer que coge
con varios hombres no es una puta y un hombre que llora no es un maricón.
Exactamente, hermano. Lo mismo pasa por mi cabeza cuando voy por la calle o de regreso a casa en el autobus, el machismo ha dibujado gruesamente las líneas del género (que en realidad son muy difusas y se entrelazan en todo el camino). Si se le presta más atención, te das cuenta que esto de los roles del género están practicamente en todo puto lugar. Un abrazo!
ResponderEliminarSin dudas! tienen muchisima más influencia de lo que creemos. Es hora de concietizarnos y romper con esa estigmatización!. Gracias por leer y participar!. Otro abrazo para vos.
EliminarRecién hoy caí por acá. Y de seguro no es casualidad.
ResponderEliminarComo mujer me cansa tener que elegir entre tener un pensamiento machista o feminista, si a fin de cuenta somos iguales.
Como bien decís porque me tendrías que dar el asiento en el colectivo...solo por ser una mujer.
Hombres y mujeres tendríamos que tener los mismos derechos...pero también las mismas responsabilidades.
Me gusto leer.