Hoy la extrañé más que de costumbre, eso es problema mío y no virtud suya. Son mis falencias, es mi vacío cuando me falta el arte, es mi aburrimiento de la vida y mi necesidad de amar. Pero ella solo es normal, la mejor de las normales, un ser humano y nada más.
Me falta abrazarla, decirle cuanto la quiero sin necesidad
de mentir, las ganas de dormir con ella después de coger, la motivación para cocinar los mejores platos
que mis manos pueden crear y el juego de seducirla todos los días para que
nunca se canse de mi.
Nada es lo mismo en soledad, las películas geniales a veces
se vuelven monótonas, los cuadros pincelazos sobre papel, los discos un
conjunto de ruidos, los ramos de flores un asesinato a la naturaleza y el vino
un antidepresivo que también hace las veces de somnífero.
Cuando la pienso es como si me hubieran arrancado una parte
mía, que nunca tuve y que nunca me perteneció, pero siempre estuvo allí. Un
complemento que nunca necesité pero se tornó indispensable, una compañía para la
ineludible soledad.
Cuando la pienso es un recuerdo de lo que fuimos más que de
lo que somos o podríamos ser. Es un invento tan ingenuo como el amor a primera
vista, que nunca fue más que una calentura idealizada. Es una ficción necesaria. Un placebo, o ese
analgésico que nos auto medicamos sin saber bien porque.Cuando la pienso tengo insomnio, me desvío, pierdo el norte, me distraigo,
dejó las canillas abiertas y me quemo con cualquier cosa. Cuando la pienso
mucho doy vueltas sobre el asunto, analizo y soy autocrítico. Cuando la pienso
más no sé si la extraño a ella o me extraño a mí.

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