martes, 6 de enero de 2015

Todo lo que no hay que hacer en periodismo.


                 Artistas, periodistas y perioartistas.


Evitar la primera persona es una absurda forma de ocultar al emisor. Tristemente es tan ridícula como eficaz, usted imagine por un segundo que yo me paro e
n frente suyo y le relato una historia, pero le digo que no soy yo quien está hablándole. No se si suena  más estúpido que gracioso o más gracioso que estúpido.  Pero esa es la primera regla de la escuelita de periodismo, aprender a ocultarse en la trinchera.
Luego de muchas más condiciones estilísticas, como usar información certera(?), chequear las fuentes(?) y no usar esos signos de pregunta entre paréntesis que yo acabo de añadir al texto,  uno puede escribir y considerarse periodista. Mote que en los últimos años se vio bastante devaluado, más por falencias propias que ajenas. 
Quitando a un lado las posturas políticas, los diarios son aburridos. Y aburren porque las primicias ya no existen, las redes sociales se las comieron crudas. Y para colmo presentan siempre de la misma forma las noticias que también suelen repetir, te cuentan igual un partido de fútbol que un accidente de autos, usan un lenguaje arcaico, se imprimen en blanco y negro y no se ven dispuestos a presentar ningún tipo de innovación en cuanto a diseño y contenido.
Entonces obviamente que es muchísimo más divertido sentarse en la computadora, o agarrar el celular y enterarte por ahí de forma más ágil y con la misma redacción desastrosa de lo que supuestamente está ocurriendo en el país. De lo que ellos dicen que está pasando.
La tele tampoco reaccionó de manera demasiado eficaz al golpe generado por la masividad de internet. Hoy cualquiera tienen una camarita que filma en HD y se han transformado en productores, guionistas y conductores de sus propios proyectos. Muchas veces más lúcidos que los de millonarios presupuestos con gente teóricamente capaz y experimentada.
Por ahora la única alternativa generada en televisión a la falta de creatividad es el amarillismo y el golpe bajo, el crimen del crimen, la reproducción del suicidio en vivo,  la sangre, el primer plano de la tanga, el culo, las tetas, y la compresión de todo eso en 30 minutos conducidos por algún boludo que diga estupideces  con títulos resonantes sin argumentaciones que luego los avalen.
Son demasiadas normas  para productos tan vacíos. Podría aceptar la rigidez si yo encontrara notas realmente bien escritas. Diarios sin horrores de ortografía, o canales de noticias que no pifien con la “información” o periodistas que recontrarechequeen fuentes. Pero eso ya no existe más, estamos en el 2015, la información vuela por todos lados, la ciudad está atestada de autos y nadie quiere moverse.

No los culpo, es el mundo en el que vivimos, todo al alcance de un click,ok. Pero la creatividad no se negocia. Hay que hacer todo lo que no hay que hacer en periodismo. Necesitamos artistas al servicio de las plumas, micrófonos y cámaras. Necesitamos aire fresco, algo nuevo. Necesitamos una fusión. No necesitamos más periodistas, necesitamos PERIOARTISTAS.

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