Despertarse es por excelencia el milagro más importante que
puede existir en la humanidad. Se renuevan las esperanzas, los miedos, los
dolores de espalda y las incertidumbres. Hoy por ejemplo amanecí odiándome, pero el odio está tan
cerca del amor que no quiero sonar narcista.
Me amo y me odio por haberme enamorado, por no aprender a
convivir con el pochoclo hollywoodense, por no bancarme la televisión pero
ponerla igual por ser tan sincero y
mentiroso, por ser ansioso, por buscar
aceptación, por ser egocéntrico por nunca haber aprendido a bailar y por ser un
artista. Pero principalmente por haberme aburrido de garchar sin amor.
Me gustaría no racionalizarlo, verlo como un simple acto
físico, una necesidad a satisfacer, como ir al baño o comer. Pero nuestros
gustos se van sofisticando a medida que crecemos. Como personas y como
sociedades , por eso existe la gastronomía y por eso a medida que fui creciendo
ya no me gusta tener cualquier sexo. Quiero tener buen sexo y para eso, en
algún momento hay que hablar.
Y es dificilísimo encontrar una gente con la que puedas
hablar y también coger. Si no fuera por este último ítem todo la vida
sería tan sencilla como la primer pantalla del Pac-Man. Porque la búsqueda se
hace eterna. Porque la búsqueda es eterna y si no es eterna te vuelve a llenar
de más vacío. Oscar Wilde decía que en la vida hay dos tragedias, alcanzar un
objetivo y no alcanzarlo. Estoy bastante cerca de esta visión
pesimista/realista. Sobre todo cuando vuelvo a mi niñez y recuerdo que me
gustaba estropear los autitos para después tener que arreglarlos, voltear
el castillo de dominó para volver a armarlo o vaciar la caja de
juguetes aunque no vaya a jugar.
Volviendo al amor, cuando hablo de amor hablo de afinidad, de
ausencia de distancia entre dos
personas, del que te llena y no del que te vacía, de realidad y no de ficción,
de potenciarnos, de complicidad, de complacernos, de conexión y no de distracción. No hablo de anestesia,
no hablo de monogamia ni de dependencia, tampoco de reproducción, no hablo de
pretensiones ni papeles, no hablo de lógica, hablo de vibrar, de fusionar
partes distintas y no pretender que parezcan iguales, hablo de expansión, de
ligación y no hablo de pertenencia, hablo de imposibles posibles.
Taché renglones escribiendo tipo autoayuda sobre el amor a
uno mismo, porque aunque esa teoría puede ser real, también es algo cínico,
¿Todo el tiempo pensando en uno? ¿Todo girando alrededor de nuestros ojos como
para encima amarnos a nosotros mismos?.
Creo que a veces hay que hacer algo por el otro para no sentirnos tan
hijos de puta. Y en ese lugar ponemos al amor, entregar al otro. Sin embargo
calculo que es imposible amar sin amarse a uno mismo.
Detesto hablar sin argumentos, pero también me encanta
hablar. Y me encanta escribir, pero siendo totalmente sincero no creo tener ni
la más mínima idea de lo que es el amor, aunque tampoco creo que la tenga ni
Voltaire ni Heidegger ni Ricardo Arjona. Lo único que no dudo desde mi visión
de artista es que amar sin arte es NO amarte. Por eso nunca hay que pretender
que el otro deje de ser.
Escribir sobre amor es una descarga, de todo lo que amamos,
de lo que no podemos amar y de lo que odiamos. De la que me rechazó cuando era
chico, de mis ex novias que me dejaron, de la que rechacé en cuarto grado, de
la que amé de asiento a asiento en el colectivo y se que ella también me amo,
de la del café de lo que somos , lo que fuimos, lo que sabemos y también de lo que nunca vamos a saber. En
algún punto es enfrentarse al vacío existencial ese que no podemos cubrir, pero
amagamos a llenar esbozando una supuesta inteligencia o mentalidad analítica. Buscando
desafíos, títulos, especializaciones, ascensos en el trabajo, creando,
escupiendo, exhalando y llorando.
Por eso me gusta buscar y no encontrar, plantear y no
resolver, escarbar , pensar, replantear, proponer, decirme y desdecirme,
desconocerme más de lo que me conozco. Preguntarme mas de lo que me contesto.
No encontrar el equilibrio.
No confundirme en el montón, que me miren raro, que se
opongan a lo que estoy diciendo, más me gusta poder contestarles, defender lo
que para ellos es indenfendible. Aprecio más el contraste que la armonía. Sentirme
amado, sentirme odiado por los que
quiero que me odien, o por los menos odiado antes que ignorado. Amar, odiar,
amar, amar, odiar, amar, pero no ignorar. ¿Para qué? Para que la rueda siga
girando.
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