jueves, 25 de diciembre de 2014

Me amo y me odio



Despertarse es por excelencia el milagro más importante que puede existir en la humanidad. Se renuevan las esperanzas, los miedos, los dolores de espalda y las incertidumbres.  Hoy por ejemplo  amanecí odiándome, pero el odio está tan cerca del amor que no quiero sonar narcista.
Me amo y me odio por haberme enamorado, por no aprender a convivir con el pochoclo hollywoodense, por no bancarme la televisión pero ponerla igual  por ser tan sincero y mentiroso, por ser ansioso,  por buscar aceptación, por ser egocéntrico por nunca haber aprendido a bailar y por ser un artista. Pero principalmente por haberme aburrido de garchar sin amor.
Me gustaría no racionalizarlo, verlo como un simple acto físico, una necesidad a satisfacer, como ir al baño o comer. Pero nuestros gustos se van sofisticando a medida que crecemos. Como personas y como sociedades , por eso existe la gastronomía y por eso a medida que fui creciendo ya no me gusta tener cualquier sexo. Quiero tener buen sexo y para eso, en algún momento hay que hablar.
Y es dificilísimo encontrar una gente con la que puedas hablar y también  coger. Si no fuera por este último ítem todo la vida sería tan sencilla como la primer pantalla del Pac-Man. Porque la búsqueda se hace eterna. Porque la búsqueda es eterna y si no es eterna te vuelve a llenar de más vacío. Oscar Wilde decía que en la vida hay dos tragedias, alcanzar un objetivo y no alcanzarlo. Estoy bastante cerca de esta visión pesimista/realista. Sobre todo cuando vuelvo a mi niñez y recuerdo que me gustaba estropear los autitos para después tener que arreglarlos, voltear el  castillo de dominó  para volver a armarlo o vaciar la caja de juguetes aunque no vaya a jugar.
Volviendo al amor,  cuando hablo de amor hablo de afinidad, de ausencia  de distancia entre dos personas, del que te llena y no del que te vacía, de realidad y no de ficción, de potenciarnos, de complicidad, de complacernos, de conexión  y no de distracción. No hablo de anestesia, no hablo de monogamia ni de dependencia, tampoco de reproducción, no hablo de pretensiones ni papeles, no hablo de lógica, hablo de vibrar, de fusionar partes distintas y no pretender que parezcan iguales, hablo de expansión, de ligación y no hablo de pertenencia, hablo de imposibles posibles.
Taché renglones escribiendo tipo autoayuda sobre el amor a uno mismo, porque aunque esa teoría puede ser real, también es algo cínico, ¿Todo el tiempo pensando en uno? ¿Todo girando alrededor de nuestros ojos como para encima amarnos a nosotros mismos?.  Creo que a veces hay que hacer algo por el otro para no sentirnos tan hijos de puta. Y en ese lugar ponemos al amor, entregar al otro. Sin embargo calculo que es imposible amar sin amarse a uno mismo.
Detesto hablar sin argumentos, pero también me encanta hablar. Y me encanta escribir, pero siendo totalmente sincero no creo tener ni la más mínima idea de lo que es el amor, aunque tampoco creo que la tenga ni Voltaire ni Heidegger ni Ricardo Arjona. Lo único que no dudo desde mi visión de artista es que amar sin arte es NO amarte. Por eso nunca hay que pretender que el otro deje de ser.
Escribir sobre amor es una descarga, de todo lo que amamos, de lo que no podemos amar y de lo que odiamos. De la que me rechazó cuando era chico, de mis ex novias que me dejaron, de la que rechacé en cuarto grado, de la que amé de asiento a asiento en el colectivo y se que ella también me amo, de la del café de lo que somos , lo que fuimos, lo que sabemos y  también de lo que nunca vamos a saber. En algún punto es enfrentarse al vacío existencial ese que no podemos cubrir, pero amagamos a llenar esbozando una supuesta inteligencia o mentalidad analítica. Buscando desafíos, títulos, especializaciones, ascensos en el trabajo, creando, escupiendo, exhalando y llorando.
Por eso me gusta buscar y no encontrar, plantear y no resolver, escarbar , pensar, replantear, proponer, decirme y desdecirme, desconocerme más de lo que me conozco. Preguntarme mas de lo que me contesto. No encontrar el equilibrio.
No confundirme en el montón, que me miren raro, que se opongan a lo que estoy diciendo, más me gusta poder contestarles, defender lo que para ellos es indenfendible.   Aprecio más el contraste que la armonía. Sentirme amado,  sentirme odiado por los que quiero que me odien, o por los menos odiado antes que ignorado. Amar, odiar, amar, amar, odiar, amar, pero no ignorar. ¿Para qué? Para que la rueda siga girando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario