martes, 31 de marzo de 2015

Los que son mar



Los que son mar tienen a simple vista más energía. Fluyen con esa fuerza que arrastra, con esa presencia que impone.  La vigencia de su celeste intacto, invariable en el tiempo, siempre joven, siempre alegre en la foto.
Aptos para todo público, frescos, polifuncionales, te invitan a pasar a entrar en su mundo, a conocer lo que tranquilamente puede ser el tuyo. Pero la simpleza de lo superficial no puede ocultar la complejidad de lo escencial.

En el fondo son más calmos, aunque discontinuos, con desniveles, pozos y  caracoles y otras cosas que pinchan, que lastiman. Reflexivos, autocríticos y solitarios. Románticos, reprimidos y soñadores.  Artistas, abogados y taxistas, no siempre son lo que parecen.

domingo, 29 de marzo de 2015

Volver a ser

Desviaba siempre tres cuadras el camino de vuelta a casa solo para  ver su balcón. Las plantas me contaban como andaba. Cuando estaban resecas y decaídas, te imaginaba estresada y atareada. Otras veces relucientes, bien hidratadas, te soñaba relajada. Disfrutando  sin ansiedad del sonido de las agujas del reloj.
Para ese día en que dijiste basta ya no éramos tan jóvenes, esos dieciséis años cargados de ingenuidad se habían transformado en treinta de demasiada realidad. De calle, de tráfico, de jefes exigentes, de compañeros elocuentes, de calenturas frustradas y otras decepciones.
Habíamos cambiado la literatura por el periodismo, las películas por los noticieros, los cuentos por los diarios. Las fantasías por lo convencional, la rebeldía por conformismo y los cuadros por espejos.
Los dos lo sabíamos, estábamos trabados en una limitación inexistente.  Entramos en un relato innecesario. Hacíamos planteos obsesivos, le poníamos etiquetas a todo,  cercábamos el área de propiedad privada y caíamos en todos los lugares comunes.
Almorzábamos los domingos en casa de los suegros, íbamos al tigre, teníamos tarjetas de crédito, comprábamos en el shopping,  cenábamos con parejas amigas, festejábamos el 14 de febrero, veíamos canales de cable y calentábamos comida en el microondas.
Usábamos las banalidades como excusas para discutir, nunca mencionábamos el verdadero deseo.  Dábamos muchos rodeos, usábamos palabras complicadas. Desviábamos el eje. Nos mentíamos sin hablar. Ignoramos la esencia, nos transformamos en cualquier cosa.
Envejecimos años en días. Envejecimos mucho. Tanto que llegó una noche que no pudimos. Que lo intentamos pero  no había forma. Las luces apagadas y las sábanas ocultaban la vergüenza, no podíamos ni siquiera mirarnos.  No había humedad en nuestros cuerpos. La simulación se había terminado, no restaba energía ni para un sacudón más.

A la mañana siguiente con cariño y tristeza supe que su beso apasionado era el principio del fin. Después de tanto tiempo nadie besa de esa manera sin un porque. Era el final. El último beso, el último abrazo. La despedida. Pero también la bienvenida. Nos alejamos de lo que pretendían de nosotros.  Nos tocaba volver a ser.

jueves, 26 de marzo de 2015

Quiero jugar

En algún momento todo era jugar. Y no importaba a qué. Una pelota, una calesita, una sortija, un laberinto, una hamburguesa a medio comer, papas fritas frías, gaseosa aguada y el grito; Nene, primero comé la comida!.  Y la respuesta Mamá quiero jugar!
Mi vecina, la tarde, el cuarto oscuro, el primer amor, unos muñecos, autitos de juguete y la ambición de lo interminable, la imaginación. El ejercicio lúdico del placer. El hacerlo porque si. Sin responsabilidades. De alejarnos de lo real. De fantasear otros mundos. De hacer arte sin saber ni siquiera que es el arte.
Los pinceles, las hojas manchadas, los pies sucios, el árbol,. La ciencia como aventura, los tubos de ensayo llenos de pasta de dientes y jabón. La ilusión de que todo explote. El miedo de la copa, la tensión de la superstición. La indiferencia en la tensión.
Las zapatillas rotas y los  pantalones de joggin remendados, siempre desalineado, un buzo gris con chocolate y las medias que la tía regala en navidad. Más relatos, menos información, cuentos, risas y guerras sin maldad.  La complicidad de mi amigo, el engaño de mi hermano mayor, la sospecha de mis primos, la inocencia del menor.  Acolchados, piso frío, hormigas, canicas, figuritas,  mangueras, agua. Al carajo todo. ¡Quiero jugar!







martes, 24 de marzo de 2015

El desvío

El escribía incansablemente, como si no existiese otro motor que movilice al mundo. Ella pintaba  retratos de personajes que alguna vez había cruzado en el puerto. Así pasaban las horas juntos. Disfrutaban de la invisible compañía, las palabras mudas y las miradas desencontradas.
Había algo de ella en él y algo de el en ella. Pero seguían siendo cada uno propios.  Así como la melodía potenciaba al ritmo sin perder su personalidad ni independencia.  A pesar de eso sus almas, libres, no se conformaban.

Era otoño, las hojas abandonaban su lecho. El hijo se marchaba de la casa. El abuelo consiente se despedía. La afinidad no se acababa, el cariño tampoco. Sus caminos se desviaban. Por los menos por ese momento. 

Hacer memoria

Hacer memoria no es buscar exhaustivamente en nuestros pensamientos algo que no recordamos.  Es repensar lo que nos pasa desapercibido aunque nos sea cotidiano. Aunque no haya pasado tanto tiempo, aunque las heridas no estén ni cerca de cerrarse y en cada paso estemos sufriendo las consecuencias de tanto dolor.
Hacer memoria es desempolvar las fotos, leer las cartas y observar los cuadros.  Pero también mirar los diarios, escuchar lo que decían las radios y noticieros. Comprender los roles y visibilizar. Porque quienes en aquel momento fueron cómplices de atrocidades, lo siguen siendo y lo van a ser para siempre.
Hacer memoria es escribir, pintar, cantar o dibujar sobre el tema. Es desenterrar las ideas que quisieron ocultar en los ríos. Es cambiar la tortura por justica justa. Es levantar las banderas que quisieron quemar.
Hacer memoria es educar, es alimentar, es sacar barreras, es volver a creer. Es traspasar el tiempo, es hacerlo todo actual.  Es acompañarnos, es pensar en grupo, en sociedad, en un todos, es volver a creer.

Hacer memoria no es eslogan, no s es propaganda.  Hoy y siempre será; afirmar que se puede vivir en un mundo mejor, hacer todo lo que esté a nuestro alcance para concretarlo, pelear por los sueños, militar nuestras ideas, marchar cada 24. Gritar si no nos escuchan. Gritar hoy y siempre.

lunes, 23 de marzo de 2015

El tiempo no pasa

Contra mi voluntad me acerqué nuevamente a ese lujoso antro donde se cascotean con insultos y elogios. La oscuridad funciona para no ver y la música, que suena pero no se escucha, ahorra la conversación. Si no fuese por el tacto estaría en un desierto de sentidos.
No acepto ni las luces titilantes ni la camisa planchada ni el cómo estás linda. Ya no soy eso. El tiempo no pasa. Me pregunto qué hago acá y que hacen ellos. Trato de entender algo. No lo consigo, pido otro trago aunque sé que no me va a gustar. No estoy en plan de seducir. Por algo adopté una postura absurda pero mía. Prefiero rechazar el postre aunque venga regalado.
Nunca lo acepto en el camino. Necesito entrar y chocar contra esa pared. Afirmar que esta sí es la última vez que voy a ese tipo de lugares. Y también necesito volver, para encontrarme con lo que pude y elegí no ser. Así entender cuánto lo detesto.

domingo, 22 de marzo de 2015

La inseguridad

Pasan más tiempo pensando en nuevas formas de hacernos daño que en juntar lo que nos separa.
La novedad represiva es la iniciativa del gobierno porteño para que su policía pueda usar las pistolas Taser, un arma de electrochoque que en el cuerpo humano puede descargar hasta 400 voltios.
Balas de goma, plomo, cachiporras, sillas eléctricas y todo tipo de torturas han mostrado su ineficacia en todo el mundo para prevenir lo que la gente llama inseguridad. No hay ningún país que haya bajado su tasa delictiva con castigos mas duros o penas más altas.
El sistema punitivo no funciona. Las publicidades que se enorgullecen del aumento en la cantidad de policías son la prueba de ello. La sociedad de premios y castigos fracasó. Hay que revisar todo y replantearse porque estamos rodeados de tanta violencia. 
Hablemos de la desigualdad. Eso es por los menos un comienzo para entender lo que nos está pasando.


jueves, 19 de marzo de 2015

Acercamiento al mar N° 2

La bandera roja y negra no solo no me asustó, sino que aumentó mis entrar en el mar. En el momento en que mis padres se distrajeron por las habituales discusiones absurdas, yo aproveché a darme un chapuzón.
Nadé y no percibí el riesgo hasta que me di cuenta que ya no decidía la dirección de mi cuerpo. Por más que peleaba las olas me revoleaban con violencia de un lado a otro. Me golpeaba el cuerpo contra el fondo  y no podía salir.
A punto de perder la conciencia , abandoné la lucha. Cerré los ojos y me desligué del asunto.  Segundos después aparecí en la orilla con raspaduras en los brazos, piernas y espalda .Con la boca llena de arena , espuma y sal.

Nunca nadie se enteró del incidente y a pesar de que sentí que estuve cerca de morirme, repetí la maniobra varias veces. Nunca le tuve miedo al mar, a las banderas rojas y negras y tampoco a la muerte.

jueves, 12 de marzo de 2015

El mar y la montaña

El era mar y ella montaña. A pesar de eso, y no entiendo porque, estuvieron treinta tristes y aburridos años casados. Me contaron muchas veces los arquitectos de parejas que esto no debe suceder, que mar y montaña no pueden fusionarse. Sin embargo, el destino caprichoso, el aburrimiento  y el conformismo congeniaron para que el agua y el aceite se junten.
Hace un tiempo que viven a dos barrios de distancia. No hay vuelta atrás. No se dirigieron la palabra desde aquellos entredichos por el vaso caído y la ornalla encendida. Solamente se juntaron con esos tipos de traje a firmar unas fotocopias  blanco y negro.

Desde ese día el gordito tiene dos casas, recibe el doble de regalos para su  cumpleaños y los ve la mitad. Estimula su imaginación jugando crucigramas, lee mucho más, mira programas políticos como si los entendiera, usa pantalones de jean con cinturones negros, se calza los zapatos,  cocina, madura más rápido y llora el triple que antes.