jueves, 12 de marzo de 2015

El mar y la montaña

El era mar y ella montaña. A pesar de eso, y no entiendo porque, estuvieron treinta tristes y aburridos años casados. Me contaron muchas veces los arquitectos de parejas que esto no debe suceder, que mar y montaña no pueden fusionarse. Sin embargo, el destino caprichoso, el aburrimiento  y el conformismo congeniaron para que el agua y el aceite se junten.
Hace un tiempo que viven a dos barrios de distancia. No hay vuelta atrás. No se dirigieron la palabra desde aquellos entredichos por el vaso caído y la ornalla encendida. Solamente se juntaron con esos tipos de traje a firmar unas fotocopias  blanco y negro.

Desde ese día el gordito tiene dos casas, recibe el doble de regalos para su  cumpleaños y los ve la mitad. Estimula su imaginación jugando crucigramas, lee mucho más, mira programas políticos como si los entendiera, usa pantalones de jean con cinturones negros, se calza los zapatos,  cocina, madura más rápido y llora el triple que antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario