viernes, 31 de julio de 2015

Volver incansablemente

No está mal borrarse unos días. De lo que sea, de tu trabajo o de tu familia. Hasta en el amor se necesita un descanso.  Me encanta el dulce de leche pero después de un tiempo empalaga. Cuando me  tomo un respiro puedo analizar. Extrañar o no. Si verdaderamente me late, vuelvo. Incansablemente, a la escritura, a esa mujer, a  mi país, a unos acordes. No se puede evitar la esencia.

lunes, 20 de julio de 2015

Este momento

Todo ocurre ahora. En un segundo. Ella está con otro tipo. Mi amor no se termina pero se interrumpe. Una bomba explota a miles de kilómetros. Algunos niños mueren y otras familias sobreviven con daños irreparables. El presidente de Estados Unidos se toma un café con su esposa y mira el premio de la paz que tiene en su vitrina. Un grupo de africanos se ahoga en el mar mientras intentaba cruzar a Europa en un barco precario. La cancha de Boca  llena de público, brota de alegría con el golazo de su delantero. Un changuito en Formosa camina kilómetros por un poco de agua potable. Yo acá frente a un monitor, escribo. Me contradigo porque pienso que el mundo se cambia con actos y no con opiniones. Pero sigo acá, escribiendo.

lunes, 13 de julio de 2015


La noche

Afuera es tarde, adentro no tanto. Desconfío en la dictadura de las agujas del reloj. Los árboles no llegan a abrigar la oscuridad. Prendo luces y estufas, trato de evitarla. A veces consigo demorarla. Duermo cuando el sol se asoma. Así consigo extraviarla por algunos momentos. Quizás por años. Pero de algún lado renace su fortaleza indominable. De atracción letal. Somos inmensamente pequeños, estamos flotando y girando sin parar. No tenemos control de nada y somos responsables de todo al mismo tiempo.

lunes, 6 de julio de 2015

Dolor de espalda.

El dolor se posa otra vez en mi espalda. Arriba, bien a la derecha, donde siempre. Es como si tuviera un enano dentro de mi cuerpo. Cada vez que hago algo mal se me enoja. Activa un taladro sobre mi clavícula y siento como me perfora. Después empieza a bajar y se extiende, a veces llega como un calambre hasta el muslo. Cuando absorbo demasiada presión, cuando duermo mal o cuando me callo algo. Ahí aparece, como una alarma que aturde. Un castigo para prevenir la catástrofe. El cuerpo da señales, mejor prestarle atención. Mejor no reprimir tanto.