domingo, 29 de marzo de 2015

Volver a ser

Desviaba siempre tres cuadras el camino de vuelta a casa solo para  ver su balcón. Las plantas me contaban como andaba. Cuando estaban resecas y decaídas, te imaginaba estresada y atareada. Otras veces relucientes, bien hidratadas, te soñaba relajada. Disfrutando  sin ansiedad del sonido de las agujas del reloj.
Para ese día en que dijiste basta ya no éramos tan jóvenes, esos dieciséis años cargados de ingenuidad se habían transformado en treinta de demasiada realidad. De calle, de tráfico, de jefes exigentes, de compañeros elocuentes, de calenturas frustradas y otras decepciones.
Habíamos cambiado la literatura por el periodismo, las películas por los noticieros, los cuentos por los diarios. Las fantasías por lo convencional, la rebeldía por conformismo y los cuadros por espejos.
Los dos lo sabíamos, estábamos trabados en una limitación inexistente.  Entramos en un relato innecesario. Hacíamos planteos obsesivos, le poníamos etiquetas a todo,  cercábamos el área de propiedad privada y caíamos en todos los lugares comunes.
Almorzábamos los domingos en casa de los suegros, íbamos al tigre, teníamos tarjetas de crédito, comprábamos en el shopping,  cenábamos con parejas amigas, festejábamos el 14 de febrero, veíamos canales de cable y calentábamos comida en el microondas.
Usábamos las banalidades como excusas para discutir, nunca mencionábamos el verdadero deseo.  Dábamos muchos rodeos, usábamos palabras complicadas. Desviábamos el eje. Nos mentíamos sin hablar. Ignoramos la esencia, nos transformamos en cualquier cosa.
Envejecimos años en días. Envejecimos mucho. Tanto que llegó una noche que no pudimos. Que lo intentamos pero  no había forma. Las luces apagadas y las sábanas ocultaban la vergüenza, no podíamos ni siquiera mirarnos.  No había humedad en nuestros cuerpos. La simulación se había terminado, no restaba energía ni para un sacudón más.

A la mañana siguiente con cariño y tristeza supe que su beso apasionado era el principio del fin. Después de tanto tiempo nadie besa de esa manera sin un porque. Era el final. El último beso, el último abrazo. La despedida. Pero también la bienvenida. Nos alejamos de lo que pretendían de nosotros.  Nos tocaba volver a ser.

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