lunes, 12 de enero de 2015

Lo que me mata y lo que nos mata.

La indiferencia.



Un  día llegue a mi casa y las puertas estaban cerradas. Forcé la puerta, probé todas las llaves que tenía, pero era inútil. Habían cambiado la cerradura. Adentro habían quedado mi primer amor, mil partidos de truco con mis amigos, electrodomésticos,  mi primer acorde en la guitarra criolla, mi cama,  la primera vez que cogí, los juegos de la copa, mis instrumentos ,los pijama party, mi perrita, algo de ropa y varios baúles llenos de recuerdos.
No hay mayor despojo que el de tu historia. A veces guardamos en lugares o en objetos pedazos de nuestra memoria. Eso significaba para mi ese antiguo dúplex de la calle José Ingenieros. El lugar donde nací, donde vi por última vez a mi abuelo, donde aprendí a caminar, donde escribí mi primer cuentito y me di cuenta que iba a ser artista toda mi vida. Donde aprendí que un abrazo es más fuerte que una palabra y que las miradas hablan.
Pero un día alguien que tenía más plata que mi papá nos dijo que ya no podíamos vivir ahí, que ahora el era el dueño y que no importaban lo baúles de recuerdos, que no importaba el despojo y tampoco que no  tuviésemos a donde ir.
La tristeza te invade, la desesperación es enorme, la impotencia se multiplica y no sabés por donde arrancar. Sentís que ahora nada te pertenece. Que estás en la calle, que no tenés nada y principalmente, que no sos nadie. Perdés la entidad.
El universo, los amigos y el esfuerzo acomodaron las cosas y luego pudimos conseguir un techo provisorio y hasta  uno fijo. Yo pude rescatar a mi perra,  ropa , los electrodomésticos, mis instrumentos y demás objetos. Con el tiempo pude recuperar los partidos de truco, el primer acorde y desempolvar el baúl de los recuerdos.

Crecí como se crece con los golpes fuertes, maduré,pude soltar, entender, encontrar la esencia en los hechos y no en la materia. Lo que siempre me va a doler lo que no puedo desterrar de mi cuerpo es la impotencia de ver cómo nos hacemos daño entre nosotros, sin que se nos mueva un pelo. La del sálvese quien puede, la de la indiferencia. La que me mata, la que nos mata.

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