La indiferencia.
Un día llegue a mi
casa y las puertas estaban cerradas. Forcé la puerta, probé todas las llaves
que tenía, pero era inútil. Habían cambiado la cerradura. Adentro habían
quedado mi primer amor, mil partidos de truco con mis amigos,
electrodomésticos, mi primer acorde en
la guitarra criolla, mi cama, la primera
vez que cogí, los juegos de la copa, mis instrumentos ,los pijama party, mi
perrita, algo de ropa y varios baúles llenos de recuerdos.
No hay mayor despojo que el de tu historia. A veces guardamos
en lugares o en objetos pedazos de nuestra memoria. Eso significaba para mi ese
antiguo dúplex de la calle José Ingenieros. El lugar donde nací, donde vi por
última vez a mi abuelo, donde aprendí a caminar, donde escribí mi primer
cuentito y me di cuenta que iba a ser artista toda mi vida. Donde aprendí que
un abrazo es más fuerte que una palabra y que las miradas hablan.
Pero un día alguien que tenía más plata que mi papá nos dijo
que ya no podíamos vivir ahí, que ahora el era el dueño y que no importaban lo
baúles de recuerdos, que no importaba el despojo y tampoco que no tuviésemos a donde ir.
La tristeza te invade, la desesperación es enorme, la
impotencia se multiplica y no sabés por donde arrancar. Sentís que ahora nada
te pertenece. Que estás en la calle, que no tenés nada y principalmente, que no
sos nadie. Perdés la entidad.
El universo, los amigos y el esfuerzo acomodaron las cosas y
luego pudimos conseguir un techo provisorio y hasta uno fijo. Yo pude rescatar a mi perra, ropa , los electrodomésticos, mis
instrumentos y demás objetos. Con el tiempo pude recuperar los partidos de
truco, el primer acorde y desempolvar el baúl de los recuerdos.
Crecí como se crece con los golpes fuertes, maduré,pude
soltar, entender, encontrar la esencia en los hechos y no en la materia. Lo que
siempre me va a doler lo que no puedo desterrar de mi cuerpo es la impotencia
de ver cómo nos hacemos daño entre nosotros, sin que se nos mueva un pelo. La del
sálvese quien puede, la de la indiferencia. La que me mata, la que nos mata.
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