miércoles, 4 de febrero de 2015

Nadie se acuerda de Villa Soldati.

Miercoles:

Hoy me levanté temprano, sabiendo que el viaje desde Munro hasta Villa Soldati iba a ser largo. También tuve en cuenta que las calles del barrio porteño también conocido como “bajo flores”, son más transitables para mi labor como corredor de una marca de cervezas  entre las 8 y las 12. Después de ese rango horario todo se vuelve bastante más desolado, más turbio.
Avancé en el 46 por Mariano Acosta, hasta la intersección con la avenida Riestra. No dejó de llamarme la atención la cantidad de cuadras en donde el paisaje era el mismo. Fueron por los menos 15 seguidas de: autos destruidos estacionados contra el cordón, Monoblocks venidos a menos, largos pasillos que conducen a casas humildes, terrenos baldíos, descampados y basura por todos lados.
Me bajé del colectivo y crucé bastante distraído a la vereda impar. Sin darme cuenta, casi me llevo puesto al Premetro, un tren antiguo que parece destartalarse a cada paso y que  transita por el medio de la calle. Hacia adentro se veía peor que desde afuera. Evidentemente Buenos Aires no es una ciudad para todos como dice el slogan de campaña.
Apuré el paso y me metí en el primer autoservicio, la diferencia con los barrios del norte es clara, acá las góndolas no están plagadas de primeras marcas. No hay monopolio, hay variedad. Gaseosas de $8, de $15 y $20. La decoración y el estado general del inmueble es menos pretenciosa pero no está mal. Las luces son más tenues, el trato de los chinos es igual en todos lados.
Promediando la mitad de mi recorrido me fui para las afueras del barrio, ahí por la Avenida Cruz, por donde pasan los matojos rodandos y todo se parece más a un Western que a las publicidades que pintan a la Ciudad de Buenos Aires como una ciudad uniformemente moderna y cool.
Venía relojeando los carteles de la altura buscando el 1959, cuando de pronto siento un golpe fuertísimo  en el brazo derecho. Mi reacción instintiva fue tirar un codazo hacia atrás, escuché algo así como “dame todo” y salí corriendo. Cuando gire la cabeza para ver si alguien me seguía observe que un tipo tenía un fierro en la mano, con eso y me había golpeado, y estaba acompañado por otros 4. Decidieron no seguirme. Se ve que sería más cómodo buscar otra presa.
Shockeado y un  poco nervioso decidí visitar igual los clientes que me faltaban. No quería perder mi derecho a transitar la calle y poder realizar mi trabajo.  Fui hasta la parada del colectivo y volví a mi casa bastante perturbado.  Charlé un poco con mi papá, le conté lo que me había sucedido y lo contextualicé con  el estado del barrio. El me respondió que había trabajo por ahí hace como 30 años. Nada cambió en ese lapso de tiempo, mi descripción coincidía con la suya.
En Villa Soldati vive gente humilde , viven trabajadores, chorros y asesinos. Vive gente, como en todos lados. Pero no como en todos lados, en Villa Soldati no pusieron macetas de colores, no hay subtes, las plazas tienen el pasto alto, el servicio de recolección de basura es pésimo,  las villas no se urbanizaron y la gente vive asinada. Nadie se acuerda de los muertos del Parque Indoamericano, de las promesas no cumplidas y principalmente, a la hora de repartir la torta, nadie se acuerda de Villa Soldati.

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