Superar el piso, sacarse por los menos un siete. Para ser
algo, un aprobado, o para no ser un desaprobado. Pero tampoco alcanza, ser un
siete es ser promedio. La presión impuesta es ser el mejor; siempre.
Las exigencias llegan desde chico y los carteles también.
Los números estigmatizan, frustran y por sobre todas las cosas, son poco
efectivos. En lugar de enfocarse en
metas personales buscan generalizar para aumentar la competencia.
Pareciera que el mundo corre a un ritmo que es imposible
alcanzar y siempre la gente detrás, apurados aunque no haya a donde ir. El placer no existe
para quien no conoce el sabor de la derrota.
La forma es el camino, ante todo la forma, el resultado es
efímero, los pasos eternos. Siempre estamos caminando, respirando y lo vamos a
hacer hasta el último día de nuestras vidas. Después de eso, no quedará nada,
ni gloria ni éxito ni dinero, ni mejores ni peores. Solo unos gramos bajo la
tierra.
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