No hay nada más falso que la familia unida. Gaby ,
Fofo y Miliki tendrían que cambiar la letra en este preciso instante. Ya no
existen las navidades desbordante de alegría, la tía Laura mira de reojo
a la prima Marcela y Carlos nunca se olvida de la parte de la herencia que le
cagó Ramiro. A Laureano todos lo ven como un vago que no quiere laburar, pero
el afirma que es un artista y que el resto tiene la cabeza muy cerrada como
para verlo, que son unos boludos.
La abuela se sienta en la cabecera de la mesa, pero
ya no es la misma. Desde que el abuelo se fue de este mundo está loca y en el
fondo a todos le rompe las pelotas su presencia, pero nadie se anima a levantar
la mano y decir “a esta vieja hay que meterla ya en un geriátrico porque no le
queda un solo patito en fila”. En lugar de eso todos miran para otro lado y
eligen pensar en otra cosa mientras la nona cuenta historias que son tan
aburridas como fantasiosas.
Los adolescentes se aburren porque ya no pueden
hacer las travesuras de cuando eran niños y apenas esbozan una sonrisa añorando
esas épocas donde le hacían cuernitos en las fotos a Eduardo, que ahora todos
saben que realmente es cornudo. El resto del tiempo se la pasan pensando que
podrían estar tomando unos cuantos fernet con sus amigos o abrazados a sus
novias tomando un buen vino.
La pirotecnia a casi nadie le parece una diversión
y para todos se transformó en algo casi salvaje y sin sentido, salvo para Juan Carlos
que tiene 52 años y parece nunca madurar. Año tras año se gasta el aguinaldo en
cañitas voladoras, morteros y demás pelotudeces. Su mujer Nora se lo echa en
cara desde que tengo memoria, desde 1998 por decir algo. A mí en particular me
parece igual de boluda que él, cada vez que la escucho con el mismo reclamo
pienso, no rompas más las pelotas o separate, ¿no?.
El tío Emiliano siempre grita y no deja que nadie opine sobre nada, el se
cree experto en política, economía, ciencias, literatura, arte, educación y por
supuesto que es el que más sabe de futbol. Además es un paladín de la moral, le
dice a todo el mundo como hay que vivir , que corresponde y que no, habla sobre
la honestidad y la trasnparencia pero nadie sabe de donde sacó toda la guita
que tiene. Pero el tío es así y “hay que
bancarlo porque es un tano calentón nada más”
Los cuentitos se repiten y siempre sale a
flote el “todo tiempo pasado fue mejor”, mentira que se cae por la borda
solamente con la repetición año a año de esta frase tan triste como contradictoria y vacía de contenido. Tíos
ricos fundamentan la teoría con la situación económica y los que no son tan
ricos y tienen un laburito en una empresa comparan las canastas navideñas que
recibían antes, la calidad del pan dulce y la cantidad de turrones. Todo les
parece una cagada, pero no hacen nada para cambiarlo.
Los más viejos se van poniendo en pedo pero su
borrachera no está copada, no tiene nada
de divertido. Solo levanta los tonos de discusiones absurdas y saca a flote lo
peor de cada uno. Los más jóvenes estamos sobrios mirando el reloj,
esperando que sean las 12 para brindar y tomarnos el palo.
Llegó la hora de los
regalos y los veinteañeros quedamos pagando porque ya no nos toca casi nada en
el arbolito, salvo la fija, tía Mariela que nos sigue poniendo el mismo par de
medías de la misma mercería berreta del barrio de Floresta con el mismo color
gris y el mismo motivo cuadriculado, que en la época de Perón ya estaban
pasadas de moda.
Después solo queda volver en el auto
manejando por la General Paz vacía, llevar a algún borracho que va cerrando los
ojos en el asiento de atrás. Pensar en
la columna que vas a escribir, como enfocarla, vas sacando cuentas de las
críticas que hiciste y te das cuenta que vos también te estás poniendo viejo,
boludo y cascarrabias. Pero allá vas , a
tu refugio, a tus amigos, a esa familia que si podés elegir y no viene impuesta
genealógicamente.
Te aplaudo de pie.
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