Soñé
que Cuba se hacía una colonia más de Estados Unidos. Me desperté sobresaltado, pero lo que resonaba en mi cabeza no era la caída del comunismo ni el
inevitable avance del capitalismo en el mundo, era no haber conocido La
Habana en el momento que correspondía.Haber
dejado pasar el tiempo, haber congelado el deseo. Remplazarlo por la comodidad
del día a día, pensar que ya llegará la ocasión, que primero estaba la casa,
después el auto, después el plazo fijo y luego vendría el momento de disfrutar.¿Cuándo?.
¿Cuándo tenga alzheimer y no me acuerde del museo que vi hace cinco minutos?
¿Cuándo escuché un son o una salsa y no pueda bailar porque mis piernas ya
están cansadas?. Postergar es la peor forma de boicotearse a uno mismo.Me
pegué una ducha, canté y traté de no pensar más en el asunto, la decisión ya
estaba tomada y si lo analizo, el impulso deja de ser impulso. Cuando
terminé de secarme y vestirme ya eran las siete de la mañana. Las agencias de
viaje estaban todavía cerradas y los compañías aéreas también.Nunca
compré nada por Internet porque desconfío en darle el número de mi tarjeta de
crédito al FBI. Pensé que de todos ya deben tenerlo. Googlié pasajes a Cuba,
entre al primer link y había vuelo para la semana siguiente, ahí mismo
concreté.Llamé
a mi jefe, le dije que me tomaba vacaciones. Me respondió que estábamos en
medio del año, que no podía hacer eso que por favor lo dejé para más adelante.
Yo le contesté que no hay más adelante, que me podía morir mañana. Se quedó
callado, le agradecí irónicamente su silencio y le dije que nos veíamos el mes
que viene.Me
reí solo durante cinco minutos, no sé de qué ni de quien. Prendí la estufa de
la habitación y bostecé. Me acosté en la cama, cerré los ojos y me fui a buscar
en los sueños otra buena excusa para ser feliz.
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