lunes, 17 de agosto de 2015

Excusa para ser feliz

Soñé que Cuba se hacía una colonia más de Estados Unidos. Me desperté sobresaltado, pero  lo que resonaba en mi cabeza no era la caída del comunismo ni el inevitable  avance del capitalismo en el mundo, era no haber conocido La Habana en el momento que correspondía.Haber dejado pasar el tiempo, haber congelado el deseo. Remplazarlo por la comodidad del día a día, pensar que ya llegará la ocasión, que primero estaba la casa, después el auto, después el plazo fijo y luego vendría el momento de disfrutar.¿Cuándo?. ¿Cuándo tenga alzheimer y no me acuerde del museo que vi hace cinco minutos? ¿Cuándo escuché un son o una salsa y no pueda bailar porque mis piernas ya están cansadas?. Postergar es la peor forma de boicotearse a uno mismo.Me pegué una ducha, canté y traté de no pensar más en el asunto, la decisión ya estaba tomada y si lo analizo, el impulso deja de ser impulso.  Cuando terminé de secarme y vestirme ya eran las siete de la mañana. Las agencias de viaje estaban todavía cerradas y los compañías aéreas también.Nunca compré nada por Internet porque desconfío en darle el número de mi tarjeta de crédito al FBI. Pensé que de todos ya deben tenerlo. Googlié pasajes a Cuba, entre al primer link  y había vuelo para la semana siguiente, ahí mismo concreté.Llamé a mi jefe, le dije que me tomaba vacaciones. Me respondió que estábamos en medio del año, que no podía hacer eso que por favor lo dejé para más adelante. Yo le contesté que no hay más adelante, que me podía morir mañana. Se quedó callado, le agradecí irónicamente su silencio y le dije que nos veíamos el mes que viene.Me reí solo durante cinco minutos, no sé de qué ni de quien. Prendí la estufa de la habitación y bostecé. Me acosté en la cama, cerré los ojos y me fui a buscar en los sueños otra buena excusa para ser feliz.


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