Lo que
tengo parece asentado pero lo que me hace falta impone más fuerza. Empuja mis pensamientos hacia el
pesimismo. A veces pareciera que una gotita de oscuridad puede tapar una inmensidad
de luz.
En el
segundo a segundo, en la corrida inconsciente, en la parte del cerebro que no puedo
controlar. Esa que se escapa por caminos sinuosos que no llevan a ningún lado.
La que me hace menospreciar mis logros. La parte cobarde del suicida
consciente.
Una
pequeña mancha negra en la pared se destaca a pesar del predominio del blanco y
prácticamente solo notamos eso. Como solo prestaríamos atención a una
linternita casi insignificante en la inmensidad de la noche sin estrellas.
Somos eso,
el mundo es eso, una mezcla de opacos y brillos, éxitos y fracasos, subidas y
bajadas, de sexo y arcadas. Todo formando parte de la misma cosa. El amor se
puede transformar en odio, de las guerras nacen canciones. Hay billetes y hay vocaciones, hay pobreza a pesar
de la abundancia. Hay
silencio en la palabra.
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