Ya
escribí varias líneas sobre la melancolía y no me canso de reivindicar esos
momentos que intencionalmente decido sostener. Porque en realidad todo es
pasado y lo que aún no lo es, pronto lo será. En definitiva somos movimiento
que siempre va quedando atrás. Todo lo que empezamos sabemos que se va a
terminar. Vivimos la experiencia para sentir la adrenalina del momento, pero
también para conservar el recuerdo. Esa escena a la que cada tanto retrocedemos
y si fuera proyectada en una sala de cine todos los espectadores quedarían
conmovidos, esa foto que atraería las
miradas de los peatones aunque se exponga en el cruce de una avenida. Es
guardar el cuadro en el cajón de la mesita de luz. Conservarlo bien. Y cada
tanto mirarlo para ver cómo anda, quitarle el polvo de encima, acariciarlo un
poco y volverlo a guardar.
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