En realidad siempre supe que era así, que las cartas estaban marcadas, que no había magia. Esa palabra era solo un cuento para describir lo que no queríamos nombrar. Todo lo otro eramos nosotros, tan humanos, imperfectos y vacíos de ficción. Vivíamos en un desierto y no era paisaje. Miradas como reproches, palabras filosas. Siempre vestidos, siempre con frío.
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