Casi nunca tenemos ganas de hacer algo. Siempre es más
atractiva la paja mental. Mirar
Tinelli es más cómodo que analizar un noticiero de política internacional, la
novela de la tarde nos trae menos conflictos que estudiar una carrera y cogerse
a un boludo o una boluda probablemente sea más atractivo que repensar el mundo
en el que vivimos.
Sin señalar con dedos inquisidores, siempre hay momento para
el placer banal. Quizás hasta se trate principalmente de eso la vida, por los
menos la de la clase media. Pero es aconsejable estar atento un rato, tomarse unos minutitos
por día para estar un poco informado. Vivir ignorando lo que pasa tiene un
costo alto. Por ejemplo una devaluación del cuarenta por ciento va a reducir
los sueldos de los trabajadores drásticamente.
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