Es probable que otra vez me pierda la noche bostezando el
día. El motor no deja de funcionar, otra vez el interruptor falla, se trabó en
encendido. Aprovecho la energía del momento. Pero cada vez que tengo que
arreglarlo el mecánico me advierte que solo es un parche y que los daños se van
a profundizar con el correr de los años a menos que tomemos una decisión
definitiva.
No puedo sentarme a solucionarlo, para eso es necesario
detenerlo y justo en este momento es indispensable su marcha. Cuando llegue a
destino todo se acomodará, no habrá tantas presiones ni obstáculos que sortear
y le daré el tiempo que requiere el asunto.
¿Y si el camino es más largo? ¿Si fundo por no frenar a
tiempo? Me resigno y abandono otra vez
mi almohada ahora cargada de contradicción. El vaso de agua de la madrugada ayuda
a digerir los pensamientos pero no entiende de razón.
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