miércoles, 6 de abril de 2016

El elixir de la amnesia


No entendían porque pero un día se levantaron así; inexpertos, temerarios y precoces. Los dos se habían olvidado de cómo coger. Ambos descubrieron simultáneamente este padecimiento, el buscando recovecos en ella y ella intentando acomodar ese engranaje.
Julia se sorprendía de que la piel de Martín era más suave abajo que arriba, el se quedaba mirando sus pezones como si fueran  los dos últimos, o primeros, puntos de luz de la humanidad. Buscaban la música justa y el ritmo ideal.
Mas fuerte y más despacio, de un lado y del otro, a veces medio torcidos o en diagonal, se sacudían se zamarreaban, húmedos, mojados y transpirados. Investigaban  y descubrían, pero nunca aprendían. Siempre se volvían a olvidar, siempre se volvían a sorprender, era la única forma de seguir vivos.



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