domingo, 5 de abril de 2015

Cartas sin rumbo



Aunque nunca llegan, yo sigo escribiendo todos los días las cartas. Lo hago con dedicación,  con el deseo de que las leas y sin la ilusión de que contestes. Dedicarte algunas líneas, aunque estés escondida  y solo seas ausencia, me revitaliza.
Hay esperanza porque todavía hay belleza. Porque quedan locos que no se dispersan a la hora de  perderse en un mar de letras, porque todavía sigue siendo necesario bucear en la duda y la arena es más interesante que su representación en relojes.
Probé sin suerte con varias direcciones y el empleado del correo ya es cómplice de mi locura. Quiero contarte sobre mis cosas insignificantes, las recetas nuevas, las plantas, la familia. Más quiero escucharte, sin que tus palabras digan nada,  quiero deshacerme en el tono de tu voz.
Sigo atravesando en prosa; calles, mares y  vientos. Sin lograr que mis letras se reflejen en tus pupilas. Sigo rompiendo cadenas en poesía, aunque no guíen mis relatos hasta vos. Por ese placer efímero de  libertad, por mi dosis de amor, por la necesidad de autoreflejarte.
En la oficina postal algunos me miran descreídos cuando cada mañana acerco el sobre, últimamente sin  siquiera coordenadas.  Ya no te busco, sería la peor manera de gastar energía, sería la forma más eficaz para no encontrarte.

No espero nada, no reclamo posesión. Solo sueño que existas.  A kilómetros, en algún bar, en alguna playa desierta, en algún callejón oscuro, en cualquier rincón humanamente inalcanzable.  Donde solo mis cartas puedan llegar y nos baste el paisaje de tinta para amanecer juntos, para sentir la dulzura de las voces y el calor del abrazo.

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