Cada tanto disfruto doblar en la curva incorrecta. De ese
error se abre un nuevo camino. El acierto, es muchas veces un modo de cerrar
otras puertas. El ritmo al que estamos
sometidos a vivir debería ser controlado
con un velocímetro como el de los autos y también tendría que existir una
regulación que restrinja los niveles
máximos de histeria cotidiana o de stress.
Esos días en que disfruto del pifie, de los desvíos, de las esquinas
desconocidas, son los que desinstalo el
piloto automático de mi cabeza y conecto el volante a otra parte. Quizás más
relacionada con la esencia, que se va perdiendo con las 9 horas de jornada y
las obligaciones convencionales.
Entonces, arriba del colectivo, la demora en el tráfico es
un buen momento para leer, los atrasos de
los aviones permiten charlar con la persona que vas a compartir el vuelo yla
calle cortada me trae paisajes desconocidos. Todo pareciera ser menos grave en
esos días de paz. Toda esa calma pareciera ser real.
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