lunes, 27 de abril de 2015

Escribir

Me encanta largar pedazos míos a volar por los aires sin restricciones. Nunca saber a donde van a llegar. Quizás una mirada a Dinamarca, o mi voz a París. Hoy en día en es imposible conocerlo, afirmarlo con seguridad.
Todo gira a través de un cablecito, o por el aire, de alguna forma bien compleja que me explican y nunca entiendo. Pero cuando toque ENTER, estas letras van a estar en a miles de kilómetros.  Y se podría decir que yo también. O algo. Mi esencia.
Me disfrazo entre palabras, me camuflo en monitores y así consigo aparecer en otros mundos, en otras mujeres, en familias distintas. En casas amarillas con techos de teja, como las que dibujaba cuando era chico o en departamentos con hermanas menores que nunca tuve.

Despedazarse, clonarse, dividirse en partes. Expandirse sin creerse omnipresente. Aprovechar la herramienta aunque a veces la odie. De eso se trata, de seguir escribiendo, de seguir publicando, de seguir cantando, sin un porque. Solamente las ganas de volver a volar.

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