Me encanta largar pedazos míos a volar por los aires sin
restricciones. Nunca saber a donde van a llegar. Quizás una mirada a Dinamarca,
o mi voz a París. Hoy en día en es imposible conocerlo, afirmarlo con
seguridad.
Todo gira a través de un cablecito, o por el aire, de alguna
forma bien compleja que me explican y nunca entiendo. Pero cuando toque ENTER,
estas letras van a estar en a miles de kilómetros. Y se podría decir que yo también. O algo. Mi
esencia.
Me disfrazo entre palabras, me camuflo en monitores y así
consigo aparecer en otros mundos, en otras mujeres, en familias distintas. En
casas amarillas con techos de teja, como las que dibujaba cuando era chico o en
departamentos con hermanas menores que nunca tuve.
Despedazarse, clonarse, dividirse en partes. Expandirse sin
creerse omnipresente. Aprovechar la herramienta aunque a veces la odie. De eso
se trata, de seguir escribiendo, de seguir publicando, de seguir cantando, sin
un porque. Solamente las ganas de volver a volar.
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