De una
pared gastada salen dos plantas, como desafiando toda ley de la
naturaleza. En la mesa de ricos, un mendigo dirige sentado en la punta. Un tractor pasea sin problemas en la ciudad, un semáforo no frena a nadie en la quietud del campo. Lo fuera de contexto atrae mi ojo
artístico.
El
objeto toma valor según el lugar donde lo colocamos. Ahí está la provocación,
la ruptura de la normalidad. Hacer
chocar los extremos con total naturalidad , casi desapercibidos, es un buen
camino para encender la alarma de la
retina.
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