La distracción parece inevitable. La velocidad a la que
vivimos y el consumo de publicidad 24 horas al día, nos quita atención. En estos días costó bastante concentrarse en
los precios de la góndola que aumentaron en porcentajes siderales, como nunca
lo habían hecho desde la hiperinflación. O en el incumplimiento de promesas de
campaña por parte del presidente electo. Si, ¡antes de asumir!Y cuando hablo de publicidad no hablo de la
famosa propaganda del banco, o esa de la sidra que también anda dando vueltas.
Los noticieros, los diarios, los periodistas de traje y perfume importado; son
publicidad. Y de la más cara, así como Nike le paga a superestrellas del
deporte para que le den valor a su marca vistiéndola durante la competencia,
los políticos compran voluntades de la prensa “independiente”. Para instalar
temas y ocultar otros, crear prioridades y generar sentidos comunes, como si
existieran. Atentos, mientras nos hablan del bastón, de la rosada o el congreso, nos sacan subsidios y el pibe del supermercado está cambiando el precio de la carne por tercera vez en dos semanas.
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